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Quién va? Ibiza

Ibiza Ivissa, Baleari, Spagna
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QUIÉN VA !
¿Quién va? Este es el título de la última adaptación del clásico Hamlet que la directora chilena Jessica Walker acaba de dar a luz en el seno de Laboratorio Teatro, sede del Laboratorio Escuela de Expresión Corporal Dramática de Barcelona.

https://www.youtube.com/watch?v=uDNOYF6u-yQ

16 y 17 de Mayo 20hrs
En La Nave Ibiza
http://www.lanaveibiza.com

Información y Reservas:
Clemence: 685 42 24 76
Entrada: 10€
Entrada Anticipada: 8€

Cómo llegar:
Carretera Sta. Gertrudis-San Miguel. Km 9,55 sigue por el camino de tierra principal por 1,1 km. Es al final del edificio blanco que encontraras a mano derecha

HAZ CLICK AQUI PARA VER EL MAPA
http://goo.gl/maps/2Kf7q



¿Quién va? Así arranca el texto de Shakespeare y el coro de actores que componen la pieza.
Fiel a su estilo, y con un elenco enérgico con el que aporta un ritmo trepidante, Jessica Walker ha sabido imprimir su particular sello al clásico. Recuerda de forma sutil, inteligente y corrosiva que el teatro es una experiencia personal y colectiva: una ceremonia. Un acto íntimo de reconocimiento puro en el que contactar con la dimensión humana y eterna. El tamaño mortal y grotesco de lo divino. (Palabras que asustan a la felicidad light. A la sonrisa happy que tanto vende hoy día, y que tanto adormecimiento provoca a pesar del autobombo espiritual y la locura del progreso). ¡Qué grande el artista que se permite la autocrítica y el desnudo ante los demás sosteniendo el terror de ser visto: estar expuesto es ser vulnerable! Y para ser tocado por la experiencia teatral el actor se abre dúctil para propiciar la vulnerabilidad del público. Jessica Walker invita a la maceración del espectador. A volvernos vulnerables –blanditos– a través de la tragedia. ¿Cómo tocar el corazón de la postmodernidad sin morir de frío? No es ninguna metáfora: es plantar cara a la anguila del corazón postmoderno. Tocarlo: derrotarlo a través de la tragedia de estar vivo y, sin embargo, descubrirle la inmortal presencia del amor.
Pero para Hamlet la venganza es más poderosa que el amor. No podemos tocar al otro con las manos manchadas… No se puede amar con tanto miedo en las manos. La muerte se eleva sobre nuestros pies queriendo sepultar la piel que esconde la mentira. La muerte nos afecta tanto como la vida, y a cada uno habrá darnos una textura diferente. ¡Pero la calavera siempre es la misma! La deconstrucción de la famosa escena del ser o no ser le devuelve su fuerza al clásico y nos confronta. La música de una trompeta en directo planea: somos instrumentos de esta ley inexorable. Lo que vive ha de morir. ¡Qué privilegio vivir y morir con dignidad! ¡Qué privilegio tocar tu propia música y bailar tu propio baile antes de morir o ser asesinado! ¡La victoria de la muerte confirma la fuerza de estar vivo! Dios lo intuye y por eso se ríe de lo inevitable. Como un bufón; o como el antihéroe de Hamlet para quien la destrucción es la única forma de vivir. Pobre y patético Hamlet: incapaz de tocar su trompeta mientras toda la corte (incluyendo su padre muerto) lo usan como instrumento para sus propios fines. No, no hay perdón. Tocar el corazón del otro en tiempos de desconexión es un desgarramiento.
Con esta nueva adaptación del clásico, la más redonda de las emprendidas por Labortatorio Teatro, Jessica Walker homenajea al recién fallecido Manuel Garrido, uno de sus emblemáticos actores, y un compañero de viaje y locura artística. Su memoria sobrevuela la escena y su huella resulta visible en la dirección del barco. ¿Cómo muere el bufón? Yorick murió de tristeza. A golpe de reírse de la cordura, de la pose y de los roles de Elsinore (léase mundo postmoderno), el bufón muere solo y triste. Su honestidad hiere al importante: lo confronta. Lo mismo que Jessica Walker, que aún no ha tirado la toalla y nos devuelve un fiel reflejo de nuestra época histórica.
¿Quién va en la oscuridad? ¿Quién va al otro lado, en el patio de butacas?, inquiere el cómico reformulando la famosa escena metateatral del genial Shakespeare. La escena se convierte en un incendio de actores en falda larga y mesas metálicas (¿altares de sacrificio?). ¿Quién va hoy al teatro?, nos pregunta. Más claro: ¿Quién va y para qué va al teatro? El cómico parafrasea las frases de Shakespeare, que ya en su época arremetía contra el vulgo (hoy algo más arrogante pero igual de necio). Entretenimiento y tontería elitista se dan la mano. La lección de Yorick y el cómico se jacta de la autoindulgencia de unos y otros: el público vino a ser tocado, ¿o no?
Toda la troupe de actores –con sus principales y secundarios, ¡qué dardo al egocentrismo típico de la farándula y sus seguidores– es una demostración de honestidad artística, un decálogo limpio de la dirección: al teatro se va para ser tocado. Para tocar. Para sentir. Para sentirnos en nuestra pequeñez ante el destino. Al teatro van los hombres a sentir, si es que todavía quedan hombres que puedan sentir. Y no cabezas –o calaveras– que se debaten entre el ser y el no ser: eterno monólogo de la razón humana. La vida nos toca tanto como la muerte. Y no hay salida posible al drama –o la aventura, según se mire– de seguir estando vivo mientras la obra continúa.
El público en la oscuridad observa silencioso. ¿Qué inspira a los actores nuestra presencia: muerte o vida? ¡¿Quién va?!, nos pregunta toda la corte de Elsinore. ¿Quién observa allí? De pronto los personajes cruzan la línea y, en una escena memorable e íntima, se presentan ante el público. Los muertos tocan a los vivos. ¿O es al contrario, y nosotros somos los muertos? Ellos nos tocan. ¿Te puedo tocar?, preguntan. ¿Estamos lo suficientemente vivos?, me pregunto yo. Nuestra tragedia se derrama en la piel. Somos espectros de nuestra propia vida. ¿Quién va, allí en la oscuridad? ¿Quién va en nuestro fuero interno? ¿Cómo sabemos que estamos vivos si nada puede tocarnos de forma profunda? El amor se agolpa siempre en la piel, allá donde la razón no llega.


Orland Verdú

Veniteci a trovare
il 16 maggio 2014

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