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Relaciones & Forms

Centro Cultural Borges Viamonte 525, Buenos Aires, Argentina
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A los personajes de Iván Form no parece unirlos el amor, sino el espanto. Difícilmente en calma, las figuras se mantienen ligadas por sentimientos intensos, relaciones no exentas de complejidad que incluyen sexo, ternura, apego, flagelación, sometimiento, ira. Una complejidad anímica y relacional que logra sintetizarse gráficamente. Y es allí donde reside la potencia del dibujo de Form, en alcanzar esa síntesis cabal que no suprime los matices ni la ambigüedad de las emociones, condensando en el plano negro –casi siempre curvilíneo y en ocasiones elegante- una turba de inquietudes en eclosión.
Las figuras de Form comparten con el símbolo la preferencia por la forma pregnante, que se impone como un sello ineludible al ojo, pero se alejan de las convenciones al explorar los vericuetos morfológicos que hacen trastabillar lo obvio e inequívoco. Son formas-corazas. En ellas el movimiento se repliega, centrípeto, se agazapa, se refugia, repta y escudriña, mientras parece reunir la energía necesaria para dar el salto al vacío. Pero ese salto no llega, se sostiene en el rango de la promesa. De allí la tensión. El vacío, inmutable, apenas nos permite intuir manchas negras, efectos ópticos del contraste extremo entre el blanco y el negro. El vacío es aquella zona que las figuras empujan o tapan, pero nunca contaminan. La explosión, que de concretarse implicaría una promiscuidad entre figura fondo, no se produce. Esos fragmentos autosuficientes de energía se enquistan y ordenan, adoptan la apariencia de un friso o se someten a una grilla invisible y poderosa. Cada pareja o trío habita un difícil equilibrio; el orden que Form les impone apacigua en apariencia las tensiones internas y deviene en camuflaje, que es la más refinada forma de tensión: la contrariedad solapada.
A la hora de buscar excusas morfológicas para desarrollar sus personajes, Form prefiere las imágenes anodinas de la publicidad. De allí extrae figuras que, obedientes a un esquema geométrico, persiguen la síntesis. Si a primera vista estas figuras parecen fluir sin escollos, como instantes definidos de un manantial inagotable, la trastienda dista mucho de la impresión primera. En el trayecto, Form borra, redibuja, enmienda, reconstruye, duda y se arrepiente. Si fantasea, lo hace dentro de un reducto, de una viñeta que al restringir la expansión exprime las formas hasta su máxima expresión. Como en las figuras de Matisse, la síntesis en Form es el resultado de un camino arduo que tiene mucho de prueba y error.
A diferencia del automatismo que propugnaban los surrealistas, el de Form no contempla el error como hallazgo, sino como detalle a eliminar, como sobrante de una forma ideal que al ser concretada se verá como la única forma posible, aquello para lo cual estaba predestinada. Form actúa dentro del plano geométrico como lo haría Miguel Ángel ante un prisma de mármol: hay que quitar todo lo que sobra, auscultar la materia con precisión, hasta que el bloque se desvista para dejar ver la forma que encerraba. La forma preexistía a la imaginación del artista, la tarea será entonces hallar el corazón orgánico y expresivo de la geometría más que inventar desde cero.
A la manera de un antropólogo devenido dramaturgo que, gustoso de lo bizarro, recolecta tipos humanos extravagantes en un territorio donde han quedado suspendidas las normas de la civilidad y del decoro, Form explora una zona de comportamientos limítrofes donde el ser humano se reconcilia con su propia animalidad y la festeja. La deformidad, el ridículo, el vericueto manierista, la parodia, la caricaturización de los deseos, el burlesque, son los ingredientes de una pantomima que Form vuelve ecuación. En ese territorio remoto, que no es otro que el del inconciente, el reino de Dioniso se despliega a sus anchas y un elenco estable de acróbatas frenéticos nos invita a unirnos a la procesión.

Verónica Gómez

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il 6 giugno 2014

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